El cambio modal —esto es, sustituir un medio de transporte saturado por otro, para descongestionarlo— es uno de los objetivos más urgentes de nuestras áreas urbanas.

Normalmente se utiliza en el contexto de reducir nuestra dependencia del vehículo privado y fomentar el uso del transporte público o, mejor aún, de desplazarse a pie o en bicicleta.

Sin embargo, el futuro de nuestras zonas urbanas pasará no solo por reducir la congestión, sino por crear entornos mejores y más limpios. Todo transporte motorizado crea polución, ya sea alrededor de carreteras o, en el caso de los vehículos eléctricos, en las centrales eléctricas. Gran parte de la preocupación actual por el transporte de nuestras ciudades y pueblos gira en torno a los problemas de la calidad del aire, ya que la contaminación mata a miles de personas anualmente.

Los medios de transporte por carretera contribuyen a esta contaminación de forma masiva. La contaminación no es solo lo que sale del tubo de escape, sino también los residuos de caucho y metales pesados que abundan en áreas cercanas a las carreteras principales. Existe una correlación directa entre los atascos en hora punta y los niveles más elevados de contaminación, lo que sugiere que la velocidad ayuda a diluir esas partículas de manera significativa.

La concentración de contaminantes normalmente alcanza su punto máximo en los primeros 150 metros de la carretera, y en el caso del tráfico, se puede extender a entre 300 y 500 metros de la carretera. Con la previsión de que en el futuro haya más comunidades viviendo cerca de carreteras principales, será preciso proteger a esos residentes del riesgo.

Se ha demostrado que cerca de un árbol adulto el material particulado se reduce hasta en un 24 %, lo cual sería una posible solución para nuestra salud.

Si queremos que se produzca un cambio significativo en los modos de transporte, tenemos que proporcionar un entorno que sea un aliciente para viajar de forma sana.

La infraestructura verde ofrece un medio poroso capaz de establecer una barrera entre las emisiones del tráfico y las poblaciones cercanas (influyendo en la turbulencia local y la modificación de los patrones de dispersión natural), y además proporciona una barrera física que separa los vehículos de los usuarios más vulnerables, como son los peatones y ciclistas. Archway Gyratory es un ejemplo típico de esto.

Los árboles nuevos plantados en el ArborSystem se emplean para calmar el tráfico en el «espacio compartido» de Streetsville en Mississauga (Ontario, Canadá). La calle se puede cerrar con pilonas cuando sea necesario y convertirla en una zona exclusivamente peatonal.

Estas barreras «vivas» promueven la filtración y la deposición de contaminantes, en especial partículas en suspensión de distintos tamaños, lo que incide en la concentración de contaminantes locales de modo distinto a la eliminación de contaminantes gaseosos (Janhall, 2015).

GreenBlue Urban lleva más de un cuarto de siglo trabajando para que los árboles urbanos crezcan sanos y fuertes. Es vital garantizar la protección y aportar los nutrientes necesarios a los árboles plantados en entornos urbanos hostiles, o de lo contrario lo más probable es que mueran al cabo de 15 años, y dejen de mitigar la contaminación.

En la plantación, hay que tener en cuenta el tamaño del árbol adulto que se quiere alcanzar, y planificar el alcorque para facilitar su crecimiento.  Nuestro configurador de alcorques es muy útil para esta tarea.

«Los árboles de las avenidas actúan más como una barrera sólida. Además, la combinación de árboles con otras barreras sólidas (por ejemplo, los coches aparcados) puede aportar beneficios adicionales a la calidad del aire».

Passive methods for improving air quality in the built environment: A review of porous and solid barriers, John Gallagher, Richard Baldauf, Christina H. Fuller, Prashant Kumar, Laurence W. Gill & Aonghus McNabola, Atmospheric Environment 120 (2015)

Muchas nuevas remodelaciones se diseñan cuidadosamente y tienen en cuenta distintos intercambiadores de transporte. Otro aspecto necesario es proporcionar rutas verdes para enlazar estas construcciones con otras infraestructuras de transporte existentes, como parques, zonas comerciales, y paseos en ríos y canales, de tal manera que protejan a los usuarios de los efectos de la contaminación atmosférica en la medida de lo posible.

Árboles plantados en ArborSystem hace más de diez años que adornan el centro de Welland (Ontario, Canadá). Además del sinfín de ventajas que estos árboles adultos aportan a la zona, calman el tráfico del centro de la ciudad, fuertemente peatonalizado.

Opciones como cerrar las calles próximas a los centros escolares durante las horas de entrada y salida, por ejemplo, son una forma económica de reducir la exposición al aire contaminado en el trayecto a la escuela. Los espacios compartidos diseñados cuidadosamente también reducen los flujos de tráfico y deben considerarse una opción.