Un árbol es una planta de los bosques. Si olvidamos esta obviedad podemos cometer errores al plantarlos en entornos de pueblos y ciudades. .

Los árboles ilustrados en la página anterior están en un bosque precioso y experimentan unas condiciones prácticamente perfectas, un microclima protegido, tierra rica y fértil donde abundan las nutrientes y los abonos; un mantillo de hojas no compactado y un terreno de enraizamiento rico, con mucha humedad y espacio de los poros.

Ahora, pensemos en los árboles de ciudad: un entorno duro, pavimentado; temperaturas de microclima en aumento, un brillo reflejado en la superficie; exposición al viento; sal para deshacer el hielo y vandalismo gratuito. Bajo tierra, un entorno de tierras compactadas igual de hostil; falta de calidad y de volumen para el enraizamiento; competición por el espacio con distintas instalaciones; y si logra expandir su sistema de raíces, alguien llegará a mutilarlo, con una zanja o una rehabilitación del pavimento.

Si tenemos en mente estos factores, podemos iniciar el proceso de integrar los árboles en zonas urbanas con éxito. Al proteger por encima y por debajo del suelo, gestionando y cuidando sus delicados sistemas de raíces, podemos recrear las condiciones óptimas para asegurar el establecimiento de los árboles. No podemos recrear completamente las condiciones que disfrutan los árboles en las zonas forestales, pero podemos hacer mucho para mejorar sus posibilidades de prosperar en las difíciles condiciones con los libros técnicos que explican la situación, mejorando el diseño del alcorque.